Declaración final de Alexis Goosdeel, director ejecutivo de la EUDA, al término de su mandato de diez años

Europa y drogas: cambios, retos y perspectivas de futuro

Foto de Alexis Goosdeel

Al concluir mi mandato de diez años como director ejecutivo de la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA), me gustaría ofrecer una reflexión personal sobre una década marcada por una profunda transformación. Estos años han estado condicionados por las crisis y la incertidumbre: importantes atentados terroristas en Europa, la emergencia migratoria, la inestabilidad en las regiones vecinas, el Brexit, la pandemia de COVID-19 y, más recientemente, la guerra en Ucrania y otras nuevas tensiones geopolíticas. Cada uno de estos acontecimientos ha afectado a la salud pública, la seguridad y la cohesión social. En este contexto, el fenómeno de las drogas en Europa ha evolucionado a un ritmo y a una escala sin precedentes en mis 35 años de trabajo en este ámbito.

Una década de grandes cambios

Cuando inicié mi mandato en 2016, la heroína seguía siendo la principal droga problemática, y cada semana detectábamos alrededor de dos nuevas sustancias psicoactivas (NSP). Aunque la innovación en química sintética ya se estaba acelerando, la situación en la actualidad es radicalmente distinta. En los últimos 27 años, el Sistema de alerta temprana de la UE sobre NSP ha identificado más de 1 000 sustancias nunca antes vistas, y cada año reaparecen en el mercado de la Unión Europea entre 400 y 450 de ellas. Esto refleja el extraordinario dinamismo del mercado de drogas ilegales y la creciente complejidad de lo que debemos supervisar.

Sin embargo, el cambio más significativo ha sido el aumento exponencial de la producción y el tráfico de cocaína. Esta tendencia comenzó en torno al momento de las negociaciones de paz en Colombia y se ha convertido en un fenómeno sin precedentes. Hoy en día, la cocaína es más accesible, más asequible y más potente que nunca en Europa. Su llegada en cantidades récord a través de contenedores marítimos ha cambiado radicalmente el entorno operativo de las autoridades aduaneras, policiales y judiciales. Paralelamente, se ha ampliado la producción de drogas sintéticas (anfetaminas, metanfetaminas, éxtasis) en la UE se ha expandido, respaldada por precursores químicos de origen internacional y facilitada por una logística delictiva cada vez más sofisticada.

Esta «hiperdisponibilidad» de drogas ha contribuido a una profunda transformación de los patrones de consumo. El policonsumo de drogas se ha convertido en la norma, y el límite entre las drogas ilegales, las sustancias no clasificadas y los medicamentos usados de forma indebida se difumina cada vez más. En la actualidad, muchas personas usan sustancias, no solo con fines recreativos, sino también para gestionar el estrés, la ansiedad o la presión sobre el rendimiento, lo que refleja una crisis de salud mental más amplia que ha afectado especialmente a los jóvenes y se ha visto agravada por el período de la COVID-19. No todas estas sustancias son drogas, y no todas son igualmente peligrosas, lo que significa que debemos cambiar nuestro enfoque: no podemos considerar a todas estas personas como delincuentes o «drogadictos», por lo que necesitamos un nuevo modelo que tenga más en cuenta la situación en su creciente complejidad.

La evolución de la delincuencia organizada

Esta década también ha puesto de manifiesto hasta qué punto la delincuencia organizada se ha adaptado, expandido y diversificado. Cuando gran parte de la atención de Europa se centraba en la lucha contra el terrorismo, las redes delictivas consolidaban su influencia. Como demostramos en nuestros primeros informes sobre los mercados de drogas en la UE, el tráfico de drogas ya representaba al menos el 30 % de los ingresos de la delincuencia organizada en Europa. Lo que ha cambiado es la escala y la sofisticación de estas organizaciones y su cobertura geográfica.

Los grupos delictivos han globalizado sus actividades y ahora operan simultáneamente en sus regiones de origen, en los Estados miembros de la UE y en los países productores de drogas. El auge de la cocaína ha intensificado la competencia, lo que ha traído consigo un aumento de la violencia relacionada con el mercado y una escalada de las capacidades delictivas. Una tendencia determinante ha sido la aparición de la «delincuencia como servicio», con redes especializadas que proporcionan todo lo necesario, desde la construcción de laboratorios a escala industrial hasta la adquisición de productos químicos, la logística y la violencia a demanda. Las principales investigaciones de los últimos años han revelado niveles sin precedentes de coordinación entre grupos que operan en distintos continentes.

En Europa, la detección de laboratorios de drogas sintéticas —incluidas las instalaciones con capacidad de producción industrial— ha aumentado notablemente. Algunos muestran indicios de apoyo técnico externo o vínculos internacionales. Se recluta a jóvenes a través de las redes sociales y se les transporta a través de las fronteras para cometer actos violentos. Estos acontecimientos ponen de relieve la capacidad de adaptación y la crueldad de las redes implicadas.

Un entorno internacional más complejo

El panorama internacional también está cambiando. Si bien los principales países productores de cocaína siguen siendo Colombia, Perú y Bolivia, el desplazamiento de las actividades delictivas ha afectado profundamente a los países vecinos, entre ellos Ecuador. Las fronteras difíciles de controlar y los corredores de tráfico establecidos han creado nuevas vulnerabilidades.

La situación relativa a la producción y el tráfico de anfetamina y metanfetamina en otras regiones, como Oriente Medio y Asia Central, también está cambiando rápidamente, tanto como resultado como factor impulsor de cambios más estructurales en países o regiones específicos. Por ejemplo, la caída del régimen de al-Assad en Siria puso de manifiesto el importante grado de implicación de las autoridades nacionales, al más alto nivel, en la producción y el tráfico de una anfetamina llamada captagón.

Otro ejemplo del impacto global de las decisiones locales es la prohibición por parte del régimen talibán en Afganistán de la producción de opio y su probable impacto en el mercado europeo de heroína y opioides sintéticos. Se considera que la eficacia de la prohibición del opio puede tener un efecto dominó en Europa, lo que provocaría una escasez de heroína que podría dar lugar a un cambio hacia el uso de opioides sintéticos, un grupo de nuevas sustancias responsables de más de 100 000 muertes por sobredosis al año en los Estados Unidos en la última década.

En este contexto, la cooperación internacional estructurada sigue siendo esencial, tanto a nivel político como operativo. En los últimos diez años se ha reforzado la cooperación entre la UE y otras regiones del mundo, como América Latina y el Caribe, los Balcanes Occidentales y Asia Central.

El diálogo político con los principales países socios, en particular sobre los precursores químicos y las tendencias en materia de drogas sintéticas, se ha intensificado y será cada vez más crítico para abordar un mercado mundial interconectado y en rápida evolución. También se ha intensificado la cooperación a nivel operativo, a través de programas específicos como EU-ACT o El PAcCTO, así como entre las agencias de la UE y los países socios y entre las fuerzas policiales y aduaneras europeas y nacionales.

Cambios en los patrones de salud y daño social

El cambiante panorama de las drogas se entrecruza con vulnerabilidades sociales más amplias. Europa se enfrenta a un reto urgente en materia de salud mental, especialmente entre los jóvenes. Incluso antes de la COVID-19, el aumento de los niveles de estrés psicológico era evidente; la pandemia y las posteriores perturbaciones en la educación y la vida social intensificaron estos problemas. En este contexto, el uso de sustancias se convierte a menudo en un mecanismo de defensa.

Una cuestión especialmente preocupante es la dependencia a la cocaína. Las pruebas muestran un retraso de entre 12 y 13 años entre el primer uso y la primera solicitud de tratamiento. Dado que la disponibilidad de cocaína en Europa aumentó hace siete u ocho años, debemos prepararnos para un aumento notable de la demanda de tratamiento. Sin embargo, Europa sigue careciendo de protocolos de tratamiento ampliamente eficaces para la dependencia de la cocaína y los estimulantes, y no cuenta con suficientes servicios especializados. Ahora es urgente invertir en investigación, innovación y capacidad de servicio, y ahí es donde la UE puede marcar la diferencia.

Sin embargo, los opioides y los opioides sintéticos siguen siendo una amenaza importante. Aunque nuestro nivel medio de respuesta es bastante adecuado en general, existen importantes disparidades entre países y regiones, así como entre la UE y algunos de sus vecinos, como los países de los Balcanes Occidentales.

Las principales áreas de mejora son la adopción y aplicación de normas de calidad para el tratamiento, el desarrollo de programas de prevención más basados en datos contrastados para las personas y sus comunidades, y el diseño y la ampliación de programas de reducción de daños mejor adaptados a los riesgos y daños actuales y futuros.

Por ejemplo, ocho de los 27 países de la UE aún no han adoptado ninguna medida para la administración de naloxona en caso de sobredosis de opioides. En un momento en el que todos observamos la epidemia de muertes relacionadas con los opioides en Norteamérica, es legítimo expresar nuestra preocupación, pero tomar las decisiones adecuadas en previsión de un posible brote en la UE resulta fundamental para garantizar la preparación de la Unión.

En los últimos 30 o 40 años se han logrado avances notables en la UE, gracias a la invención y la inclusión de la reducción de los daños como principio clave de una política moderna y equilibrada en materia de drogas. Al diseñar intervenciones para reducir los riesgos y las consecuencias nocivas del uso de drogas, esos servicios salvaron vidas y ofrecieron mejores condiciones de vida a los clientes, que se situaron en el centro de las intervenciones por diseño. Si la UE quiere estar preparada y lista para afrontar nuevos retos, será esencial incluir en el debate a las personas que consumen drogas y a sus familias.

¿Ha perdido Europa el control?

La magnitud del tráfico ilícito y el crecimiento de la delincuencia organizada plantean naturalmente la cuestión de si Europa está perdiendo el control. Mi respuesta es clara: Europa no ha perdido la batalla. Pero el reto es inmenso y la acción colectiva es esencial.

Este año marca un hito importante: la adopción del nuevo Plan de acción de la UE contra el narcotráfico, junto con una renovada Estrategia de la UE sobre drogas. Estos instrumentos introducen medidas concretas y coordinadas, elaboradas con los Estados miembros y acompañadas de un seguimiento riguroso. En toda Europa, los puertos están reforzando la seguridad y la coordinación a través de la Alianza Europea de Puertos. Se están reforzando las respuestas judiciales, incluida la creación de tribunales especializados en países como Francia y Bélgica.

No obstante, debemos reconocer que las capacidades de los Estados se han visto sobrepasadas. Las sucesivas crisis han reducido los presupuestos públicos, mientras que las redes delictivas se han fortalecido, enriquecido y conectado entre sí. Reequilibrar esta ecuación requerirá una inversión sostenida, no solo en las fuerzas y cuerpos de seguridad, aduanas y justicia, sino también en la prevención, el tratamiento, el apoyo social y el desarrollo comunitario.

Fortalecimiento de la resiliencia y la cooperación

La corrupción sigue siendo una amenaza persistente. Las organizaciones delictivas se adaptan rápidamente: a medida que los puertos endurecen los sistemas de control de acceso, estas organizaciones centran su atención en otras funciones críticas, como los planificadores logísticos. En algunos países, el personal judicial y penitenciario ha sido objeto de amenazas. La experiencia de Italia demuestra que una independencia judicial sólida y unas estructuras especializadas en la lucha contra la mafia son indispensables para recuperar el territorio y restablecer la confianza en las instituciones públicas.

También debemos reconocer que muchas ciudades europeas tienen barrios que llevan décadas enfrentándose a problemas relacionados con las drogas. El reciente aumento de la violencia a menudo refleja las vulnerabilidades sociales y económicas subyacentes. Fortalecer la resiliencia de las comunidades, mejorar las condiciones de vida y ofrecer oportunidades a los jóvenes deben formar parte de nuestra estrategia a largo plazo.

Mirando hacia el futuro

El Brexit perturbó la cooperación científica y operativa de larga data, pero me complace que ya hayamos completado el contenido de un nuevo acuerdo de cooperación bilateral con el Reino Unido. Una vez que se aprueba formalmente, restablecerá la colaboración estructurada en ámbitos cruciales como la alerta temprana, las nuevas drogas, los daños y las intervenciones comunitarias, lo que supone un paso importante para ambas partes.

Al concluir mi mandato, estoy profundamente agradecido por el compromiso de mis colegas y socios de toda Europa y de fuera de ella. Sigo convencido de que Europa cuenta con las herramientas, los conocimientos y las alianzas necesarias para hacer frente a los retos que se avecinan. La amenaza que representa el fenómeno moderno de las drogas es polifacética: delictiva, social y relacionada con la salud pública. Abordarla requiere unidad, realismo y determinación, así como capacidad de innovación y adaptación.

Sin embargo, lo que garantizará nuestro éxito va mucho más allá de los recursos, las herramientas y la financiación. Será nuestro compromiso con nuestros valores, con un modelo de sociedad basado en la democracia y el respeto de los derechos fundamentales de todos, incluidas las personas que usan sustancias de cualquier tipo. Un modelo que sitúa al ser humano en el centro, cuyo objetivo es garantizar el bienestar de todos y que promueve el diálogo, el respeto y la valoración de las diferencias.

Esto es a lo que ha contribuido nuestra agencia europea desde su creación como Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías en febrero de 1993, proporcionando datos, información y análisis para permitir la adopción de políticas más informadas por la ciencia, la sociedad civil y las voces de las personas con experiencia en la adicción.

Promover y apoyar la formulación de políticas basadas en pruebas científicas supone una lucha constante contra la resistencia al cambio, la ignorancia y la mala fe, la posverdad y las noticias falsas. Es mérito de la Unión Europea haber creado la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas con un mandato nuevo y ampliado, que funciona desde 2024.

Ha sido un gran privilegio y un honor para mí haber ocupado el cargo de director ejecutivo de la agencia y haber contribuido a construir una Europa más justa y eficaz para sus ciudadanos, sus responsables políticos y las personas que usan drogas y sus familias.

Dejo este cargo con la confianza de que la EUDA está preparada para cumplir su nueva misión, y confío en que mi sucesora, la Dra. Lorraine Nolan, sabrá guiar con éxito a la agencia a través de sus próximos retos y futuras evoluciones. A título personal, seguiré apoyando los esfuerzos por construir una Europa más segura, más saludable y más resiliente, y quiero expresar mi más sincero agradecimiento a todos aquellos que han contribuido a esta misión compartida durante la última década.

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